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Para muchos una reunión de trabajo es sinónimo de librarse por un buen rato de la pesada rutina laboral, para otros equivale a una pequeña pesadilla en la que habla mucha gente a la vez pero se solucionan muy pocas cosas. Para evitar esto es esencial trabajar la actitud individual de cada uno de los asistentes de cara a conseguir una mayor productividad.
Ante todo, conciénciate de que una reunión no es una pausa en el trabajo, sino una parte importante del mismo. Tómate las cosas en serio, tienes que dar lo máximo de ti, como deberías haces siempre. No llegues nunca tarde, a menos que sea por una causa muy justificada, y, si esto no es posible, evita las interrupciones. Igualmente, olvídate del móvil, lo mejor es desconectarlo antes de entrar. Centra tu atención en lo que haces y en la documentación aportada.
Empieza por preparar bien los temas que se van a tratar. Es esencial que acudas bien informado a la reunión para que ni tus compañeros ni tú perdáis el tiempo con explicaciones y comentarios redundantes e inútiles. Además, contar con todos los datos necesarios se convertirá en tu mejor baza para poder argumentar tus ideas con coherencia y eficacia. Así, lograrás conclusiones positivas para tus proyectos y, naturalmente, para la empresa en general.
No te otorgues todo el protagonismo. Tanto si eres el jefe como un empleado más, evita ser el centro de atención de la reunión. En caso que por tu puesto debas asumir la responsabilidad de ser el moderador de la charla, busca el equilibrio entre todos los participantes y trata de repartir las intervenciones de manera equitativa. Controla en todo momento la situación discretamente e intenta que cada uno de tus compañeros de lo mejor de sí mismo orientando la conversación hacia la obtención de conclusiones positivas.
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