Más vale prevenir
Por fin ha llegado el día que esperabas. Hoy tienes que acudir a la entrevista de trabajo para ese puesto tan importante para ti y en el que tienes puestas todas tus ilusiones desde hace tiempo. ¡Todo tiene que salir perfecto! Pero no siempre las cosas son tan fáciles… La suerte a veces juega malas pasadas.
Piensas que está todo controlado, has preparado hasta el último detalle de la entrevista y, por lo tanto, sientes que dominas la situación. No puede pasar ningún desastre que destroce tu día… ¿o si?
Te has levantado pronto y has salido de casa con todo el tiempo del mundo para no tener problemas y localizar la dirección exacta a la que debes acudir. ¡Lástima que el autobús no acaba de llegar a la parada! Hace ya más de un cuarto de hora que esperas y te estás poniendo de los nervios. Un buen candidato no puede permitirse llegar tarde, así que tienes que ser práctico. Tu mejor opción es coger un taxi y… primer problema: al sentarte, tu flamante traje recién salido de la tintorería queda completamente arrugado y lleno de pequeñas manchitas, fruto del Donut que comió el anterior pasajero. ¡Tu imagen tan cuidada y perfecta se ha ido al traste en segundos! Y encima estás llegando tarde igualmente… el reloj no para de avanzar. Y tus nervios, paralelamente, te invaden segundo a segundo. ¿Qué puedes hacer? Tu cabeza no para de dar vueltas: ¿Vuelves a casa y te cambias? ¿Vas así? ¿Qué pensaran de ti si no vas impecable? Estás tan nervioso que incluso tu estómago empieza a pasarte factura. Ayyy… no deberías haberte tomado esa sopa de ajo ayer para cenar, amigo! Ahora sabes qué se siente cuando sufres una buena indigestión, no? Bromas aparte, al final optas por el consejo que te daría cualquier responsable de recursos humanos: ahora no puedes echarte para atrás.
¡Y decides ir a la entrevista como si no pasara nada! Y naturalmente no vas a hacer perder tiempo a tu entrevistador explicándole esta anécdota como si fuera un hecho trascendental en tu vida… no uses, pues, justificaciones.
Aunque parezca imposible, y a pesar de todo este nerviosismo, al final llegas a la entrevista e intentas bajar del coche con toda la dignidad posible, pese a tus retorcijones de barriga. Cruzas la puerta y preguntas por el despacho del Señor López, el encargado de recursos humanos. Lástima que al llegar y encontraros cara a cara, sin pensar demasiado y fruto de la ansiedad, le saludas con un “Buenos días, señor Martínez”. La cara de tu entrevistador es un poema…
Pero tu eres valiente, ¡caramba! Un pequeño error como éste no va a poder contigo. Tomas asiento y, con tu mejor sonrisa, le pides disculpas. A partir de ese mismo instante te olvidas de todo y empiezas a querer demostrar tu seguridad en ti mismo. Aún no está todo perdido.
Sabes que si te esfuerzas en evitar al máximo esos silencios tan incómodos que hacen que pierdas puntos ante tu entrevistador, demostrarás tu interés y ¡aún podrás conseguir el puesto!
Visto lo visto, es indudable que el azar también juega un papel importante en cualquier aspecto de nuestra vida, incluida una entrevista de trabajo. Aprende a saber manejarlo a tu favor, incluso en situaciones tan malas como éstas. Búscale el lado positivo a todo y afronta con una sonrisa los problemas que se te puedan presentar de repente, antes o durante una entrevista de trabajo.
Además de ser optimista, también es importante que sepas reaccionar con rapidez ante los problemas y seas capaz de buscar la mejor solución a tu alcance.
En conclusión, no dejes nunca que te superen los pequeños desastres que puedan sucederte… controla la situación y tus emociones, y el mundo laboral estará a tus pies. ¡Nadie podrá contigo!
Piensas que está todo controlado, has preparado hasta el último detalle de la entrevista y, por lo tanto, sientes que dominas la situación. No puede pasar ningún desastre que destroce tu día… ¿o si?
Te has levantado pronto y has salido de casa con todo el tiempo del mundo para no tener problemas y localizar la dirección exacta a la que debes acudir. ¡Lástima que el autobús no acaba de llegar a la parada! Hace ya más de un cuarto de hora que esperas y te estás poniendo de los nervios. Un buen candidato no puede permitirse llegar tarde, así que tienes que ser práctico. Tu mejor opción es coger un taxi y… primer problema: al sentarte, tu flamante traje recién salido de la tintorería queda completamente arrugado y lleno de pequeñas manchitas, fruto del Donut que comió el anterior pasajero. ¡Tu imagen tan cuidada y perfecta se ha ido al traste en segundos! Y encima estás llegando tarde igualmente… el reloj no para de avanzar. Y tus nervios, paralelamente, te invaden segundo a segundo. ¿Qué puedes hacer? Tu cabeza no para de dar vueltas: ¿Vuelves a casa y te cambias? ¿Vas así? ¿Qué pensaran de ti si no vas impecable? Estás tan nervioso que incluso tu estómago empieza a pasarte factura. Ayyy… no deberías haberte tomado esa sopa de ajo ayer para cenar, amigo! Ahora sabes qué se siente cuando sufres una buena indigestión, no? Bromas aparte, al final optas por el consejo que te daría cualquier responsable de recursos humanos: ahora no puedes echarte para atrás.
¡Y decides ir a la entrevista como si no pasara nada! Y naturalmente no vas a hacer perder tiempo a tu entrevistador explicándole esta anécdota como si fuera un hecho trascendental en tu vida… no uses, pues, justificaciones.
Aunque parezca imposible, y a pesar de todo este nerviosismo, al final llegas a la entrevista e intentas bajar del coche con toda la dignidad posible, pese a tus retorcijones de barriga. Cruzas la puerta y preguntas por el despacho del Señor López, el encargado de recursos humanos. Lástima que al llegar y encontraros cara a cara, sin pensar demasiado y fruto de la ansiedad, le saludas con un “Buenos días, señor Martínez”. La cara de tu entrevistador es un poema…
Pero tu eres valiente, ¡caramba! Un pequeño error como éste no va a poder contigo. Tomas asiento y, con tu mejor sonrisa, le pides disculpas. A partir de ese mismo instante te olvidas de todo y empiezas a querer demostrar tu seguridad en ti mismo. Aún no está todo perdido.
Sabes que si te esfuerzas en evitar al máximo esos silencios tan incómodos que hacen que pierdas puntos ante tu entrevistador, demostrarás tu interés y ¡aún podrás conseguir el puesto!
Visto lo visto, es indudable que el azar también juega un papel importante en cualquier aspecto de nuestra vida, incluida una entrevista de trabajo. Aprende a saber manejarlo a tu favor, incluso en situaciones tan malas como éstas. Búscale el lado positivo a todo y afronta con una sonrisa los problemas que se te puedan presentar de repente, antes o durante una entrevista de trabajo.
Además de ser optimista, también es importante que sepas reaccionar con rapidez ante los problemas y seas capaz de buscar la mejor solución a tu alcance.
En conclusión, no dejes nunca que te superen los pequeños desastres que puedan sucederte… controla la situación y tus emociones, y el mundo laboral estará a tus pies. ¡Nadie podrá contigo!
Vota:
Muy malo
Excelente

Tu voto es importante para la valoración de este artículo.

