(Des)Igualdad de oportunidades en el entorno laboral

Hace décadas que en España las mujeres se incorporaron de forma y masiva al mercado laboral, pero, por desgracia, las condiciones en las que trabajan todavía no son equiparables a las de los hombres.

Según la última Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística (www.ine.es/prensa/np487.pdf), referida al año 2005, las mujeres cobran 5.800 euros menos que los hombres al año. El sueldo medio masculino es de 21.093,92 euros, mientras que el de las mujeres se sitúa en los 15.294,83 euros, un 27,5% menos. Por la franja superior, el 17,1% de los hombres presentaron unos ingresos cuatro veces superiores al salario mínimo interprofesional (que en 2005 era de 511 euros) frente a sólo un 9,3% de las mujeres.

El INE explica las diferencias por la mayor proporción de mujeres que realizan trabajos temporales, que están peor remunerados. Y sin duda parte de esa temporalidad laboral tiene que ver con el hecho de que las mujeres siguen cargando en gran parte con el peso del hogar y del cuidado de los hijos. Según los últimos datos disponibles en el INE, 380.000 trabajadoras dejan cada año su empleo por motivos familiares, mientras que sólo 14.500 hombres dejaron de trabajar por esa razón.

Esas mismas cifras indican que sólo el 29% del empresariado, el 36% de los diputados y el 35% del profesorado universitario eran mujeres, género al que en cambio pertenecen el 96% de los trabajadores a tiempo parcial dedicados a cuidar a personas dependientes.

La formación tampoco equipara sueldos. Los datos del INE revelan que licenciados, ingenieros y doctores ganan de media un 51% más que las mujeres con a misma formación, una diferencia que se reduce hasta el 45,4% en el caso de los diplomados universitarios. En el caso de las personas sin estudios la brecha se hace todavía más ancha, hasta el punto de que los varones sin formación ganan un 75,1% más que las mujeres en su misma situación.

A todo ello hay que añadir que aunque la Constitución prohíbe la discriminación por razones de sexo en la práctica muchas empresas no se muestran particularmente entusiastas ante el anuncio de un embarazo por parte de una trabajadora y no son raras las prácticas sutilmente disuasorias de la maternidad, incluso en la misma entrevista de selección.

Todo ello ha abierto en los últimos años el debate sobre la necesidad de instaurar cuotas femeninas en puestos estratégicos, aplicando la llamada discriminación positiva, aunque es una medida no exenta de polémica porque resulta en sí misma discriminatoria hacia el otro género.

Sea esta u otra la medida a aplicar, lo que queda claro es que queda mucho camino por recorrer para que la incorporación de la mujer al mercado laboral quede del todo normalizada, un camino que seguramente pasa por implementar en las empresas las medidas de conciliación entre la vida laboral y familiar.
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