Salir del estancamiento laboral
Si tu trabajo te parece monótono y repetitivo, hace años que no cambias de puesto y ni recuerdas lo que se sentía al estar motivado, no lo dudes: sufres de estancamiento laboral. Y necesitas una solución urgente.
Lo primero que tienes que hacer es recuperar la perspectiva y reflexionar sobre si era esta la profesión que querías ejercer. A menudo ocurre que, en algún punto entre el fin de los estudios y el primer empleo, se nos olvida perseguir esa meta. Y puede pasar que te encuentres con que, pese a que estudiaste Derecho y siempre quisiste trabajar defendiendo causas ambientales (por poner un ejemplo), has acabado, no sabes muy bien cómo, dando la cara en la ventanilla de un banco. Cobrando un buen sueldo, quizá, pero siendo completamente infeliz (desde un punto de vista laboral, al menos).
Si ese es tu caso y tu estancamiento proviene del hecho fundamental de haberte desviado de la que querías que fuera (idealmente) tu forma de ganarte la vida, la solución es obvia, aunque no es sencilla: tienes que reorientar tu carrera.
Para conseguirlo, nada mejor que trazar un plan de carrera en el que queden reflejados con toda claridad los pasos a seguir, como la formación extra que puede ayudarte (un posgrado de especialización, por ejemplo) y los años de trabajo necesarios para adquirir la experiencia que tu empleo soñado requiere.
Un plan así te puede servir para no perder de vista el Gran Objetivo durante el tiempo que tardes en alcanzarlo y aunque, por el camino, tengas que aceptar un par de empleos que aparentemente tienen poco que ver con la meta final. Esos trabajos pueden ser peldaños hacia otro sitio en los que puedes descubrir nuevas habilidades o entrenar las que ya tenías.
Para que tu estrategia funcione, el plan tiene que estar bien documentado – investiga hasta averiguar cuál el mejor posgrado del área a la que quieres optar y los especialistas más reconocidos-, ser minucioso y plantear cuantas más alternativas mejor, para no quedarte sin opciones ante el primer obstáculo. Lo que es seguro es que si puedes contar con asesoramiento externo o algún contacto dentro del área de tu interés que pueda aconsejarte, tus posibilidades de éxito aumentarán exponencialmente.
En cambio, si lo que ocurre es que te aburre tu trabajo pero no sabes hacia dónde quieres ir, piensa que quizá ha llegado el momento de pararte y decidirlo. Reflexiona acerca de cuáles son tus puntos fuertes y las áreas que más te interesan o al menos trata de descartar los trabajos que seguro que no quieres hacer, para acotar así poco a poco el ámbito de tus intereses.
Si aún así no sabes por dónde tirar, pide ayuda a tus familiares o amigos –puede que sean capaces de ver tus puntos fuertes mejor que tú mismo- o atrévete con un test de personalidad. Piensa que existen consultorías que analizan la personalidad del candidato y le ayudan a localizar las habilidades que podría explotar.
Nunca es tarde para cambiar de empleo, pero si te aterra la posibilidad de abandonar lo que tienes, siempre tienes la opción de pedir una excedencia durante la que apostar por otro tipo de trabajo.
También de bajo riesgo es la opción de cambiar de área dentro de la misma empresa, pedir un traslado al extranjero o incluso pasarse a la competencia, ya que quizá un cambio así sea estímulo suficiente para recobrar las ganas de levantarse por las mañanas.
Como en el caso anterior, cuando tengas claro tu objetivo o área general de interés, traza un plan de ataque y cíñete a él, aunque haya que dar rodeos por el camino. No te dejes vencer por el miedo al cambio y lánzate a explorar el espacio exterior, por más vértigo que te produzca, porque la recompensa seguro que lo vale.
Lo primero que tienes que hacer es recuperar la perspectiva y reflexionar sobre si era esta la profesión que querías ejercer. A menudo ocurre que, en algún punto entre el fin de los estudios y el primer empleo, se nos olvida perseguir esa meta. Y puede pasar que te encuentres con que, pese a que estudiaste Derecho y siempre quisiste trabajar defendiendo causas ambientales (por poner un ejemplo), has acabado, no sabes muy bien cómo, dando la cara en la ventanilla de un banco. Cobrando un buen sueldo, quizá, pero siendo completamente infeliz (desde un punto de vista laboral, al menos).
Si ese es tu caso y tu estancamiento proviene del hecho fundamental de haberte desviado de la que querías que fuera (idealmente) tu forma de ganarte la vida, la solución es obvia, aunque no es sencilla: tienes que reorientar tu carrera.
Para conseguirlo, nada mejor que trazar un plan de carrera en el que queden reflejados con toda claridad los pasos a seguir, como la formación extra que puede ayudarte (un posgrado de especialización, por ejemplo) y los años de trabajo necesarios para adquirir la experiencia que tu empleo soñado requiere.
Un plan así te puede servir para no perder de vista el Gran Objetivo durante el tiempo que tardes en alcanzarlo y aunque, por el camino, tengas que aceptar un par de empleos que aparentemente tienen poco que ver con la meta final. Esos trabajos pueden ser peldaños hacia otro sitio en los que puedes descubrir nuevas habilidades o entrenar las que ya tenías.
Para que tu estrategia funcione, el plan tiene que estar bien documentado – investiga hasta averiguar cuál el mejor posgrado del área a la que quieres optar y los especialistas más reconocidos-, ser minucioso y plantear cuantas más alternativas mejor, para no quedarte sin opciones ante el primer obstáculo. Lo que es seguro es que si puedes contar con asesoramiento externo o algún contacto dentro del área de tu interés que pueda aconsejarte, tus posibilidades de éxito aumentarán exponencialmente.
En cambio, si lo que ocurre es que te aburre tu trabajo pero no sabes hacia dónde quieres ir, piensa que quizá ha llegado el momento de pararte y decidirlo. Reflexiona acerca de cuáles son tus puntos fuertes y las áreas que más te interesan o al menos trata de descartar los trabajos que seguro que no quieres hacer, para acotar así poco a poco el ámbito de tus intereses.
Si aún así no sabes por dónde tirar, pide ayuda a tus familiares o amigos –puede que sean capaces de ver tus puntos fuertes mejor que tú mismo- o atrévete con un test de personalidad. Piensa que existen consultorías que analizan la personalidad del candidato y le ayudan a localizar las habilidades que podría explotar.
Nunca es tarde para cambiar de empleo, pero si te aterra la posibilidad de abandonar lo que tienes, siempre tienes la opción de pedir una excedencia durante la que apostar por otro tipo de trabajo.
También de bajo riesgo es la opción de cambiar de área dentro de la misma empresa, pedir un traslado al extranjero o incluso pasarse a la competencia, ya que quizá un cambio así sea estímulo suficiente para recobrar las ganas de levantarse por las mañanas.
Como en el caso anterior, cuando tengas claro tu objetivo o área general de interés, traza un plan de ataque y cíñete a él, aunque haya que dar rodeos por el camino. No te dejes vencer por el miedo al cambio y lánzate a explorar el espacio exterior, por más vértigo que te produzca, porque la recompensa seguro que lo vale.
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