Cómo hacer una buena presentación
A casi todo el mundo, en el algún momento de su vida laboral, le llega el momento de realizar una presentación. En una feria, ante un grupo de potenciales clientes o entre compañeros, no importa el lugar o la audiencia: se trata de hablar en público y a pocos les entusiasma la tarea.
Sin embargo, no hace falta tener grandes dotes de orador o una innata vis cómica para salir airoso de ese tipo de situaciones. Cualquiera puede llevar a cabo una presentación correcta si se ciñe a unas determinadas normas y aplica las técnicas adecuadas.
Lo primero que hay que hacer es fijarse en la audiencia. Es la regla básica de cualquier espectáculo: ¿A quién va dirigido? ¿Son directivos, empleados, compañeros...? ¿De qué edad, sexo y nivel cultural? ¿Saben mucho del tema o les viene de nuevo? ¿Qué es lo que buscan en tu presentación: entretenimiento, información o soluciones? Responder a esas preguntas puede ser muy útil a la hora de plantear el tono de la presentación.
Cuando tengas claro lo que quieres decir y cómo quieres decirlo, estructura los contenidos y escribe un guión que incluya todas las palabras que vayas a pronunciar, sobre todo si no tienes una gran experiencia haciendo presentaciones. En cambio, si estás acostumbrado a hablar en público y conoces bien el tema puedes confiar algo más en la espontaneidad, aunque sin pasarte. En ese caso, ten claro al menos el principio y el final, para no acabar divagando.
Una vez tengas escrita la presentación, ensáyala tantas veces como puedas y prepara el material de apoyo que vas a utilizar. El Power Point es muy útil en estos casos, aunque como recurso empieza a estar un poco visto, así que si el tipo de presentación lo permite, intenta pensar en una alternativa válida. Piensa que si la tuya es una más de una serie de presentaciones utilizar herramientas de apoyo alternativas puede causar buena impresión en un auditorio aburrido de ver exposiciones clónicas.
En cualquier caso, si decides que tu presentación será en Power Point, hay unas cuentas cosas que tienes que tener en cuenta. En primer lugar, es fundamental que utilices un cuerpo de letra grande, visible y legible. Mejor los tipos de letra sin serif (de palo seco) en un color que contraste con el fondo. Y nada de transcribir en la pantalla todo tu discurso, el apoyo visual del Power Point está para resaltar los titulares de lo que estás diciendo y no para que vayas leyendo de la pared.
El día de la presentación, intenta no ponerte nervioso. Si estás bien preparado, durante la presentación sólo tendrás que preocuparte de desgranar los argumentos que hayas preparado. Esfuérzate por mirar al público, ser expresivo y gesticular de forma natural. Habla con voz fuerte y clara, sin titubeos y vocalizando. Evita el tono monocorde que podría invitar a echar una cabezadita a tu auditorio y utiliza el ritmo, las pausas y los silencios para acentuar los aspectos más importantes de tu exposición.
No intentes ser gracioso si no lo eres ni ofrecer un espectáculo que está por encima de tus posibilidades. No estás en el Club de la Comedia y tu público no espera que acabes cada frase con un chiste. Si sabes hacerlo con gracia, genial, pero, si no, ni lo intentes. Relájate y piensa que es solo una presentación y que nadie está allí para juzgar tus habilidades en el escenario. Seguro que con el tiempo hasta acabas disfrutándolo.
Sin embargo, no hace falta tener grandes dotes de orador o una innata vis cómica para salir airoso de ese tipo de situaciones. Cualquiera puede llevar a cabo una presentación correcta si se ciñe a unas determinadas normas y aplica las técnicas adecuadas.
Lo primero que hay que hacer es fijarse en la audiencia. Es la regla básica de cualquier espectáculo: ¿A quién va dirigido? ¿Son directivos, empleados, compañeros...? ¿De qué edad, sexo y nivel cultural? ¿Saben mucho del tema o les viene de nuevo? ¿Qué es lo que buscan en tu presentación: entretenimiento, información o soluciones? Responder a esas preguntas puede ser muy útil a la hora de plantear el tono de la presentación.
Cuando tengas claro lo que quieres decir y cómo quieres decirlo, estructura los contenidos y escribe un guión que incluya todas las palabras que vayas a pronunciar, sobre todo si no tienes una gran experiencia haciendo presentaciones. En cambio, si estás acostumbrado a hablar en público y conoces bien el tema puedes confiar algo más en la espontaneidad, aunque sin pasarte. En ese caso, ten claro al menos el principio y el final, para no acabar divagando.
Una vez tengas escrita la presentación, ensáyala tantas veces como puedas y prepara el material de apoyo que vas a utilizar. El Power Point es muy útil en estos casos, aunque como recurso empieza a estar un poco visto, así que si el tipo de presentación lo permite, intenta pensar en una alternativa válida. Piensa que si la tuya es una más de una serie de presentaciones utilizar herramientas de apoyo alternativas puede causar buena impresión en un auditorio aburrido de ver exposiciones clónicas.
En cualquier caso, si decides que tu presentación será en Power Point, hay unas cuentas cosas que tienes que tener en cuenta. En primer lugar, es fundamental que utilices un cuerpo de letra grande, visible y legible. Mejor los tipos de letra sin serif (de palo seco) en un color que contraste con el fondo. Y nada de transcribir en la pantalla todo tu discurso, el apoyo visual del Power Point está para resaltar los titulares de lo que estás diciendo y no para que vayas leyendo de la pared.
El día de la presentación, intenta no ponerte nervioso. Si estás bien preparado, durante la presentación sólo tendrás que preocuparte de desgranar los argumentos que hayas preparado. Esfuérzate por mirar al público, ser expresivo y gesticular de forma natural. Habla con voz fuerte y clara, sin titubeos y vocalizando. Evita el tono monocorde que podría invitar a echar una cabezadita a tu auditorio y utiliza el ritmo, las pausas y los silencios para acentuar los aspectos más importantes de tu exposición.
No intentes ser gracioso si no lo eres ni ofrecer un espectáculo que está por encima de tus posibilidades. No estás en el Club de la Comedia y tu público no espera que acabes cada frase con un chiste. Si sabes hacerlo con gracia, genial, pero, si no, ni lo intentes. Relájate y piensa que es solo una presentación y que nadie está allí para juzgar tus habilidades en el escenario. Seguro que con el tiempo hasta acabas disfrutándolo.
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